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Buena, pero no boluda

La bestia salvaje, llena de egoísmo que vive en tu interior, o en el de la mayoría, te taladra el cerebro como si fuera un pájaro Carpintero que dice todo el tiempo "lo hago por mi, no me importa nada, tengo que estar bien yo y nada más".
Lo primero en que pensás es, "puta madre, es la posta, si no lo hago yo por mi, no lo hace nadie", pero ¿alguna vez notaste que hacer algo pensando en el otro dice cosas muy lindas sobre vos? ¿y que no es obligación solo ver lo de uno y dejar tirado al otro?
Esta es la parte en la que entro yo.

Muchas veces me encuentro ayudando a personas, conocidas o random, y en varias ocasiones llego a la parte en la que digo "nunca más".
No ayudo porque espere algo a cambio, ayudo porque así lo siento y lo único que espero es que no me tomen por boluda.
La gente desconocida suele ser la que más te llena de gratitud, estuve analizando un poco y hablando por mi experiencia y al pasar toda la vida observando el comportamiento llegué a la parte en que influyen varios factores como la subestimación, celos, heridas no cerradas, envidia y muchos otros sentimientos horribles que tiene la gente que no creció, no maduró o que simplemente le falta aprender que eso no debería existir.

Que mal se siente uno cuando la persona que tenés al lado te lastima, sea quien sea; compañero, conocido, amigo, familiar, da igual. Aún sin tener expectativas se comportan como imbéciles, la única expectativa que tengo al momento de hablar con alguien es que al menos me trate como yo lo trato.
¿Será que la falla está ahí? No soy un robot, no espero que hagas algo que yo no haría, ni prometas cosas que yo no prometería... te estoy pidiendo que no me tomes por pelotuda, porque no soy un trapo de piso: soy buena pero no boluda.

En este momento, estoy refiriéndome a lo laboral, pero aplica a todo.

Hice un laburo de diseño re heavy, me llevó muchísima cantidad de horas. Tres trabajos son en realidad que se cobran súper caros. Después de pasado mucho tiempo al fin hoy me pagaron... el número no lo pienso decir porque es una tomada de pelo.
Me siento una pelotuda, ambos sabemos cuanto sale el trabajo en verdad y sabemos que con eso no me alcanza ni para un alisado en el pelo.

¿Porque soy conocida? ¿Porque no tengo un diploma en la mano? ¿Porque no quiere pagar más? ¿Porque no le importa? ¿Tiene algún sentido hacerse todas esas preguntas? No.
Pero pará, ¿te dieron las gracias? No, tampoco.

Recuerdo cuando llegué a trabajar a la librería y según me cuentan, estaba bastante hundida.
Trabajé a más no poder. Más de 3 años, metiéndole garra, durmiendo poco y nada, 12 hs. fuera de casa. Yendo a trabajar con fiebre, llorando del dolor de muelas, esguinzada dos veces, con ataques de pánico, sin dormir, tratamiento psiquiátrico; falté creo que tres o cuatro veces por razones de fuerza mayor. No tomaba la hora de descanso para no dejarla sola, hacía extras por la misma razón, no iba al médico para no demorarme en horario laboral.
No voy a hablar de la relación de amistad, voy a hablar de la relación laboral; si alguna vez tuvo alguna consideración... lamentablemente se vio todo tapado por la falta de gratitud.
El Sarmiento toda la vida anduvo mal, tenía al menos 10' de retraso 2 veces por semana y era aguantar su cara de orto y mal trato todo el día. Jamás en todo el tiempo que trabajé ahí me fui en punto, en lugar de 8 hs. hacía 9, no me iba si tenía que ordenar o limpiar, o si tenía clientes. Tenía pareja y nos desencontrábamos porque yo me quedaba a ayudarla. Pero la señora al parecer no notaba lo que yo, que necesitaba una vida además de la librería, y yo no me llenaba los bolsillos, simplemente era una esclava- digo, empleada.
Cuando renuncié, no le dije porqué fue. Se lo conté al año siguiente porque ella prefirió creerle a una retrasada que quería mi puesto y no a mi, a pesar del servicio y el cariño incondicional que le brindé, y el amor que le di y lo que ayudé a esas pibas con la facultad en el horario de atención al cliente.
Me pagaba menos de la mitad de lo que correspondía, tanto tiempo poniéndole onda para que al segundo año tuviera el triple de clientes gracias a la buena atención; todos los clientes súper conformes conmigo y ella me da una liquidación de un sueldo de mierda (declarado solo 4 hs.) de... $902, 75 o por ahí. Mínimo la liquidación debió ser por el valor que debería haber tenido una jornada de 8 hs. en comercio.
En el 2010 empecé con un sueldo mensual de $1300 y en el 2013 terminé con $4000 y pico.
Cuando enfermé, el último mes me redujo la carga horaria, y también la mitad del sueldo...
Debí sacar licencia psiquiátrica durante el tratamiento y ART varias veces; y ella debió pagarme 8 mil mensuales como corresponde así yo fuera a trabajar o no.
Y después de todo no es capáz de confirmar una puta referencia laboral en Bumeran.

¿Porque nos hicimos amigas? ¿Porque no tengo un diploma en la mano? ¿Porque no quiere pagar más? ¿Porque no le importa? ¿Tiene algún sentido hacerse todas esas preguntas? No.
Pero pará, ¿te dieron las gracias? No, tampoco.

Como esos ejemplos tengo la vida misma pero esos se me vinieron a la mente en este momento.
Me pasa algo similar actualmente, pero no quiero hablar de eso porque es exactamente lo mismo.
Me siento estafada, indignada, pisoteada, que no valgo nada.

Se acuerdan de la pelotuda que ayuda al 100% o regala cosas copadas cuando lo necesitan nada más.
Aclaro que yo no quiero que se acuerden en otro momento, no me interesa tener relación de ningún tipo con nadie porque para los lios ya con la familia alcanza y sobra. Pero si me van a precisar solo para sacarme de mis cosas, que se olviden que existo.

No valen un tarro de bosta y me vienen a forrear a mi. ¿A mí? para eso que forreen al que se lo merece, no a una persona que trata a los demás de persona, y no de trapo.

Y muchas personas me dicen: tratá como te traten.
Lo intenté varias veces pero yo no soy así, no me sale, no puedo.
No quiero pensar en que estoy hablando con tal, o haciéndole tal favor porque en algún momento me las voy a cobrar, porque así no se puede estar.
No me sale ser mala, eso es.

Me siento incomprendida, piensan que el tiempo de uno no es impotante. ¿Cuál es el problema si quiero mirar una pelusa en el techo por 6 hs.? es mi vida.
Lamentablemente no tengo momento para mirar ninguna pelusa, y estoy escribiendo esto cuando tengo un poco de paz, casi las 5 am y editándolo a las 3 am, 5 días después.

Igualmente yo soy de esas que se queda sin comer postre porque le sirvió a la familia primero. Que quiere ir al baño, o se quiere bañar, pero deja que el otro vaya antes para que no espere, o no se quede sin agua caliente. Soy de las que si querés hablar toda la noche porque te sentís mal, se queda. De las que podés llamar a cualquier hora si necesitás a alguien. Soy de las que hacen las tareas tediosas por vos, porque a vos no te gustan. De las que te cocinan lo que más te gusta para sorprenderte. Soy de las que se va hasta el fin del mundo para conseguir algo que querés. De las que comprenden todo. De las que escuchan y te dicen la posta. Las que no lastima al hablar. Las que se hacen la boludas si algo que dijiste le cae mal. Soy de las que puede amar algo pero si a vos te gusta, te lo regala. Soy con la que podés contar para mil favores. Soy de las que te dicen cosas graciosas para que sonrías cuando estás triste. De las que fabrican una sorpresa de la nada cada día. Soy de las que se muere por dentro pero no te lo dice porque piensa que lo tuyo es más importante. Soy de las que no dice que no ante un pedido de ayuda porque es importante para vos. Soy de esa clase que siempre piensa en el otro antes que en sí misma; sí, de esas consideradas que no hay más. Todo para que la forreen.

Al fin de cuentas llego a la conclusión de que yo soy buena boluda.
Que difícil es ayudar sin sentirte una idiota en este mundo lleno de infradotados egoistas, de verdad se te van las ganas de ayudar. Las ganas de seguir adelante haciendo un cambio, de creer... ya no creo en nadie.

Valorar en todos los sentidos

Que loco cuando muere alguien; estás sufriendo por dentro y el mundo sigue su curso...
Cada quién continúa con lo que tenía planeado, celebrando nacimientos, cumpleaños...
La gente va a trabajar, el mundo no se frena.
Y estás ahí sin entender porqué ellos no sienten lo mismo que vos, todo lo que hacen o dicen te parece una falta de respeto o simplemente inapropiado.
Todas las personas te lo recuerdan, lo ves en todos lados, escuchás el tono de su voz, una canción que le gustaba, o la letra se relaciona.
Pensar que cuando perdés a alguien, queres bajar las persianas y no volver a ver la luz del sol.
Somos una cosa tan insignificante en el planeta, y a veces creemos que todo gira en torno a nosotros.
Lo más difícil es la aceptación, pienso; aceptar que compartiste tu vida con alguien, y ya no está, PUM, desapareció.
No somos nada, y la persona o la mascota que se va, nunca va a saber que a su lado fuimos todo; pasamos de ser pobres, a ser ricos, y en el 95% de los casos, esas cosas no son valoradas con la magnitud que corresponde.


Es fácil leerlo, y saber y que quien tenemos al lado nos hace grande, pero casi siempre reaccionamos al leer un texto que lo menciona.

Te propongo algo: me gustaría que miraras a los ojos a la persona con quien compartís cosas a diario, o a la que no ves casi nunca pero te importa mucho, o a tu mascota, y pienses ¿qué haría yo si me faltara?  Y decile todas esas cosas lindas que no te animás porque te dan vergüenza, o no tuviste oportunidad, si no te animás a hablar, escribilo en un papel, o mandale un mail, un texto.

Yo soy una persona que dice todo lo que siente, menos lo que hiere; soy de las que no mide los abrazos y te dice que te quiere si lo siente, y si lo siente cien veces, te lo dice cien veces para que no te olvides. Pero así y todo, a veces no valoro los momentos.

Cada vez que Benja me hace mil preguntas, nunca pienso en que ya crece y me las deja de hacer. O cuando Alice me pide algo y no se lo doy, nunca pienso en que un día de estos no me lo pide más porque puede hacerlo sola. Tampoco pienso ni mido palabras cuando discuto con mi mamá, y le pego un chirlo en la cola a la perra cuando ya la saqué a la vereda tres veces y se me agotó la paciencia.

Hay miles de momentos que no valoro, algo tan mínimo como poder dormir sin madrugar y estoy acá escribiendo. ¿Y son momentos que puedo recuperar? No, no se puede.

Si no viviéramos a dos mil por hora seguramente nos detendríamos a valorar los minutos con alguien, y siento que no se trata solo del tiempo, sino que tenemos que hacer un cambio en nosotros mismos y aplicarlo en los demás, así les enseñamos a valorar también.

Esto también se aplica a las cosas que nos molestan. Por ejemplo, ¿hay necesidad de padecer algo o alguien sino nos parece? No.
Hay que tomar conciencia que la vida es una sola, no podemos volver a tener veinte años, ni podemos vivir otra vez para emparchar lo que hicimos mal en la vida anterior porque el ser humano es un animal de costumbre y nos la vamos a mandar otra vez, pero en otra cosa.

Tenemos que parar de dar explicaciones sobre nuestro comportamiento o accionar, ¿a quién le tenemos que explicar qué? Apartando el lazo familiar directo, a nadie más.

Mil veces me pasó de sufrir acusaciones inmaduras por no responder un mensaje, o hasta me encontré explicando el porqué me puse una remera con un dibujo de un gato. Desde ahora en más la respuesta es "porque se me canta el ojete", ni que fueran dios, ni que fueran tan importantes en mi vida y yo les tuviera que dedicar un minuto de mi día para dar una explicación que no lleva a nada, porque al final la otra persona va a seguir pensando y entendiendo lo que le parece, no va a cambiar por lo que vos digas. No tiene importancia si quiero usar mi tiempo para mirar una pelusa en el techo, es mi tiempo y es mi vida.

Como hay que valorar, tenemos que hacernos valorar porque el valor del que hablamos es el mismo y si uno se va a pique, el otro también.

Yo soy dueño de elegir sobre mi vida, y soy capáz de cambiar la tuya en un instante; puedo decirte cuanto te aprecio cada vez que quiero, y los dos nos vamos a sentir genial.
Algo así puede cambiar tu día, tu semana o tu vida.
Así que ya sabés, no salgas de casa sin valorar el momento, te lo dice esta pesimista que aprendió a los golpes. Decile a quien aprecies, cuan fuerte es el sentimiento y disfrutá pasar tiempo con esa persona porque seguro que no tiene idea de lo que provoca en tu vida.

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